MANIFIESTO

CUIRTECA

I. EL CINE CONSTRUYE REALIDADES

El cine posee un lenguaje propio: planos, secuencias, fotografía, montaje. Cada decisión estética es también una decisión política sobre cómo representar el mundo y quiénes merecen ser vistos.

Pero el cine también coloniza. Desde sus inicios, el cine latinoamericano tuvo que adaptarse a las narrativas de Estados Unidos y Europa, importando no solo formas de producción sino también valores morales, estéticos y políticos ajenos a nuestros territorios.

Nuestro cine no es joven. Desde la primera proyección en Río de Janeiro en 1896, el cine latinoamericano ha existido, resistido y creado. 

En estas construcciones identitarias, las historias cuir fueron las primeras en borrarse, censurarse o distorsionarse. No solo por la censura local, sino porque importamos la mirada colonial que nos veía como exóticos, primitivos, hipersexuales o directamente inexistentes.

El colonialismo audiovisual nos quitó el derecho a definirnos a nosotres mismes.

II. LA REPRESENTACIÓN ES SUPERVIVENCIA

La representación no es un lujo: es supervivencia política y simbólica.

Ver nuestras vidas reflejadas en pantalla valida nuestra existencia, expande el imaginario colectivo y construye genealogías afectivas. Nos permite reconocernos, nombrarnos y sabernos parte de una historia más amplia que la soledad o el silencio.

Carlos Jáuregui, fundador de la Comunidad Homosexual Argentina, lo dijo con claridad militante: “Salimos de la oscuridad, de los baños, de las esquinas, de los lugares oscuros, y salimos a la luz a decir: acá estamos.” El cine debe ser ese espacio de luz, no de oscuridad vergonzante.

En tiempos de avance de la derecha en nuestros territorios, archivar y visibilizar nuestras historias es más urgente que nunca. Cuando los discursos de odio se recrudecen, cuando se intenta borrar décadas de conquistas, cuando la violencia política se ensaña contra nuestros cuerpos, el archivo se vuelve trinchera.

No archivamos por nostalgia. Archivamos porque la memoria es un arma contra el fascismo que avanza prometiendo “volver” a un pasado que nunca fue mejor para nosotres.

Las malas representaciones son violencia

Durante décadas, los personajes cuir en el cine latinoamericano fueron estereotipos importados y adaptados: la loca exagerada como alivio cómico, el sofisticado solitario. Desde “La casa del ogro” (1939) en México con “Don Pedrito”, hasta incontables películas que convirtieron la diversidad sexual en caricatura.

Estos estereotipos no nacieron aquí. Fueron códigos importados de Hollywood y del cine europeo, que luego nuestras propias industrias reprodujeron y adaptaron con violencia local. La loca del cine mexicano, la bicha del cine brasileño, el maricón del cine argentino: todas variaciones coloniales del mismo desprecio.

Como señala el análisis del profesor Antonio Moreno sobre el cine brasileño (1923-1996): el personaje homosexual fue representado sistemáticamente como alienado político, agresivo, incapaz de vínculos estables, condenado a la soledad y recurriendo a parejas remuneradas. Rara vez fue protagonista, lo que contribuyó a fortalecer el estereotipo negativo.

Las malas representaciones perpetúan violencias específicas:

  • Normalizan el rechazo y justifican la exclusión
  • Alimentan el odio que luego se materializa en las calles, en las familias, en las instituciones
  • Construyen un imaginario colectivo donde nuestras vidas no merecen dignidad
  • Reducen la complejidad de nuestras experiencias a fórmulas repetitivas: la travesti trágica, el gay afeminado como burla, la lesbiana masculina como amenaza, los cuerpos trans como espectáculo o patología

Cuando las únicas imágenes disponibles son las que produce el centro (geográfico, económico, cultural) nuestras realidades quedan traducidas, blanqueadas, despolitizadas. Se borran las marcas del colonialismo, la clase, la raza y el territorio que atraviesan nuestros cuerpos y deseos.

Como ha insistido Tamara Adrián, activista trans venezolana: “la invisibilidad mata, pero la visibilidad estereotipada también”. No basta con aparecer en pantalla: importa cómo aparecemos, quién nos representa, desde qué mirada se construye nuestra imagen.

La censura como herramienta de borramiento

La historia del cine cuir latinoamericano es también una historia de censura. En Perú, “Sin vagina, me marginan” de Wesley Verástegui fue censurada a días de su estreno por quejas de padres de familia. “Un romance singular” del mismo director fue acusada por congresistas de “promover el odio y el estigma a una creencia religiosa.”

La censura no solo impide que se cuenten historias: dicta que ciertas vidas no merecen ser narradas.

Gran parte del cine cuir fue invisibilizado, censurado o relegado a circuitos precarios, sobreviviendo en copias fragmentarias, archivos informales y memorias personales.

Perlongher hablaba de “la desaparición de la homosexualidad”, no solo como muerte física sino como borramiento simbólico, como negación de archivo. Contra esa desaparición, archivamos.

Archivar, en este contexto, no es conservar el pasado: es intervenir el presente.

III. CUIR: NOMBRARNOS DESDE ACÁ

Cuir no es una corrección de queer, es un desvío. Una palabra torcida, mal escrita, incómoda. Como señala Facundo Saxe: en ese desajuste “se desactivan las pretensiones de universalidad y se abre un espacio para nombrar experiencias atravesadas por colonialismo, clase, raza, género, deseo y territorio.”

Nombrarnos desde otros centros también es una forma de colonización. Nombrarnos desde acá es un acto de resistencia. Y porque no todas las historias ajenas se ajustan a nuestras vivencias ni a nuestros territorios.

Cuir es reivindicar nuestro derecho a la monstruosidad, a la rareza, a no encajar en las categorías que nos imponen desde el norte o desde la heteronorma. Como grita Susy Shock en su poesía: “Yo, Susy Shock, reivindico mi derecho a ser un monstruo.”

Cuir enunciado desde una posición sudaca, desde lenguas que llevan siglos de saqueo y aniquilación. Es una enunciación situada con rabia,con ganas de que el mundo deje de ser este mundo horrible que habitamo, donde hay gente que todavia cuestiona nuestra existencia o hasta propone erradicar. 

Cuir no es solo identidad sexual. Es una posición frente a la vida, a las relaciones, a las alianzas y a la política.

Es una posición frente al avance conservador que nos quiere de vuelta en el closet, en el silencio, en la muerte.

IV. NO HAY UN SOLO CINE CUIR LATINOAMERICANO

Hablar de cine cuir latinoamericano es entender que no se puede encasillar como pasa con otros cines que pretenden amalgamar un continente.

Las realidades de cada país son profundamente diferentes:

  • Contextos históricos y políticos distintos
    • Identidades culturales diversas: Las experiencias cuir en comunidades indígenas, afrodescendientes, mestizas, son distintas y merecen ser narradas desde su especificidad, no desde la homogeneización que se nos  impone.
  • Realidades económicas desiguales

No podemos hablar de este cine como si fuera una vanguardia homogénea.
Son películas que acompañan contextos específicos y que, en muchos casos, desencadenaron cuestionamientos sociales que resultaron en conquistas de derechos.

Nombrarnos desde otros centros también es una forma de colonización. Nombrarnos desde acá es un acto de resistencia. Y porque no todas las historias ajenas se ajustan a nuestras vivencias ni a nuestros territorios.

Cuir es reivindicar nuestro derecho a la monstruosidad, a la rareza, a no encajar en las categorías que nos imponen desde el norte o desde la heteronorma. Como grita Susy Shock en su poesía: “Yo, Susy Shock, reivindico mi derecho a ser un monstruo.”

Cuir enunciado desde una posición sudaca, desde lenguas que llevan siglos de saqueo y aniquilación. Es una enunciación situada con rabia,con ganas de que el mundo deje de ser este mundo horrible que habitamo, donde hay gente que todavia cuestiona nuestra existencia o hasta propone erradicar. 

Cuir no es solo identidad sexual. Es una posición frente a la vida, a las relaciones, a las alianzas y a la política.

Es una posición frente al avance conservador que nos quiere de vuelta en el closet, en el silencio, en la muerte.

V. UNA GENEALOGÍA EN CONSTRUCCIÓN

La CUIRTECA es incompleta desde su creacion. 

En la investigación para este proyecto se encontraron más de 350 películas LGBT en Latinoamérica. Seguro hay muchas pérdidas, sobre todo en los primeros años del siglo pasado. La falta de cinematecas en varios países hace imposible llevar cuenta de una filmografía completa.

Archivamos por las películas que nunca se hicieron, por las que fueron destruidas, por las que nunca llegaron a completarse.
Y archivamos contra el olvido 

VI. EL ARCHIVO COMO PRÁCTICA VIVA

CUIRTECA entiende el archivo como un espacio vivo, en movimiento, incompleto. No buscamos un canon cerrado ni una historia única del cine cuir latinoamericano.

Buscamos una cartografía en expansión: múltiple, contradictoria, situada.

Perlongher hablaba de “la cartografía del deseo” como un mapa que nunca termina de trazarse, siempre en movimiento, siempre mutante. Así es nuestro archivo: una cartografía del deseo cinematográfico cuir, nunca fija, siempre expandiéndose.

Un archivo que acompañe las películas con contexto, crítica y memoria. Que no separe las obras de las condiciones en las que fueron producidas, censuradas o celebradas. Que nombre las ausencias y señale los vacíos que la censura y el olvido dejaron.

En un momento histórico donde la derecha avanza en nuestros territorios con discursos de odio, con leyes que nos criminalizan, con violencia sistemática, el archivo se vuelve trinchera.

Porque cada película archivada es también un acto de reparación simbólica. Una forma de decir: esto existió, esto importó, esto sigue resonando. 

Archivamos para hacer justicia. Para que las nuevas generaciones sepan que siempre estuvimos aquí, que siempre resistimos, que nunca fuimos el problema.

VII. NUESTRO COMPROMISO

Creemos en contar nuestras propias historias, porque si no lo hacemos, alguien más las contará por nosotres—y lo hará desde sus propios intereses, borrando lo que les incomoda, romantizando lo que les sirve.

En tiempos donde la derecha busca reescribir la historia, borrar nuestras conquistas y negar nuestra existencia, visibilizar nuestras propias narrativas es un acto de resitencia colectiva.

Frente a un sistema que privilegia lo externo, lo mainstream y lo validado por ajenos,, CUIRTECA apuesta por:

→ Cuidar y amplificar las voces cuir de nuestra región, especialmente aquellas más vulnerables, más silenciadas, más amenazadas

→ Contextualizar las obras dentro de sus realidades políticas, sociales y culturales específicas, sin imponer lecturas coloniales o universalizantes

→ Visibilizar tanto los logros como las ausencias, las censuras y los borramientos, nombrando a los responsables históricos y actuales

→ Construir genealogías que nos permitan reconocernos en una historia más larga y compleja, que desmientan la idea de que “antes no existíamos”

→ Disputar el relato hegemóneo que reduce nuestras experiencias a estereotipos o las borra completamente

→ Producir conocimiento desde nuestras propias posiciones, sin esperar validación externa, sin reproducir lógicas coloniales

→ Conectar pasado y presente, reconociendo que directores como Jaime Humberto Hermosillo, Héctor Babenco y Francisco Lombardi abrieron caminos en contextos hostiles para que hoy nuevas generaciones puedan crear con mayor libertad

→ Resistir activamente el avance de políticas que buscan censurar, criminalizar o borrar las narrativas cuir de nuestros territorios

VIII. CUIR COMO SENTIMIENTO Y COMO TERRITORIO

Las palabras son tanto nuestras como de cualquier otrx. Queer es cuir y kuir y es tan sudaca como queremos que sea. Nosotres también producimos conocimiento, nosotres también creamos teoría, nosotres también disputamos los sentidos.

Nos armamos con los restos del cine que nos negaron, con las copias fragmentadas, con los archivos incompletos, con las memorias orales.

Y nos armamos también contra el olvido que el fascismo quiere imponernos. Contra la reescritura de la historia que niega nuestras luchas. Contra el borramiento sistemático de nuestras conquistas.

IX. QUE EL MUNDO DEJE DE SER ESTE MUNDO

CUIRTECA es un gesto contra el disciplinamiento académico y cultural que pretende decirnos cómo debemos nombrar nuestras experiencias.

Es también un gesto contra el avance autoritario que nos quiere de vuelta en la clandestinidad, el silencio y la muerte.

Este archivo reivindica el derecho de cada película a ser monstruosa, a no encajar, a existir en sus propios términos.

Por una memoria que resiste.
Por imágenes que nos sostengan en tiempos de violencia.
Por un cine que nos refleje en toda nuestra complejidad, contradicción y potencia.

Porque archivar es intervenir el presente.
Porque representarnos es sobrevivir.
Porque nombrarnos es resistir.

CUIRTECA: Archivo vivo. Memoria en disputa. Futuro en construcción.

Una lumbre marica que arde en cada fotograma recuperado.

Contra el olvido. Contra el odio. Contra el fascismo que avanza.

Por las que vinieron antes. Por las que vienen después.

Por todas las que resisten hoy.

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